octubre 05, 2009

Pensilvania

Un regreso no es tal cuando sólo se viene de paso.
Escribo estas letras en razón de una canción: "Pensilvania" del Leo Quinteros. Su música es buena, muchos lo saben. Pero esa canción, justamente esa canción, me fascina.
Las primeras notas de la guitarra, muy "atmosféricas", me erizan los pelos cada vez que las escucho. No es, eso si, una excitación alterada... siempre viene aparejada de una sonrisa, de un recuerdo.
Recuerdo las veces que, escondido, iba a la cocina a comer cucharadas de Milo desde el tarro y me limpiaba los dientes con la lengua (ridículamente) para que no se notara; recuerdo una vez que terminé empapado en un parque de Santiago, en el
trade off entre la lluvia y los besos ganaron los últimos; recuerdo el viento que resonaba en mis audífonos al pasear en bici los domingos a las orillas del Neckar; recuerdo la primera pitada de un cigarro en medio de la noche; recuerdo cuando a mis tres años iba a comprar, en triciclo, al negocio de la esquina; recuerdo un viaje en tren, sin destino ni origen; recuerdo, finalmente, la sonrisa que me produce comenzar a escuchar las primeras notas de "Pensilvania".
Gracias Leo.

Aquí la canción

[esto es mentira]
velasco

octubre 29, 2008

¿De qué nos sirve el horizonte?

Aún cuando la "doble militancia" parezca ya ser regla, y más bien, precisamente, porque escribo más para Verdeseo que aquí me puedo permitir subir mi nuevo aporte para el número 4 (que esta buenísimo y, además, muy bello). Y dice...

¿De qué nos sirve el Horizonte?

Preguntarse por el horizonte implica preguntarnos por desde dónde nos presentamos ante él. Una breve reflexión que intenta responder hacia la pregunta primera, aquella que permite el movilizarnos de forma tan honesta como “crítica”.

Habitamos el mundo, estamos situados en él, y muchas veces lo cercamos –por medio de muros y rejas- tanto como a nuestro propio andar cotidiano. De lo anterior se sigue que no sólo estamos situados en el mundo; aquel estar situado implica una consecuencia asociada sobre el reconocimiento de los límites del mundo. Así, no estamos únicamente situados en el mundo, sino igualmente sitiados por/en él. Tanto como nuestro propio cuerpo tiene límites –que más de una vez hemos de haber bordeado en razón de alguna semana de pruebas y/o juerga– estamos situados y sitiados en medio de un mundo que nos contiene, nos retiene (y en más de una vez, esperamos, nos explica).

Estar en el mundo puede significar, del mismo modo, que tenemos un punto de observación, un lugar desde donde –las más de las veces– nos contemplamos como situados y –las menos– como sitiados en él. Aquel lugar es la respuesta al ¿desde dónde? No atiende así a responder por el por qué ni el cómo. Es aquel hito que se invisibiliza en el tránsito cotidiano y que, de cuando en vez, aparece al observar las azoteas de los edificios o, mejor aún, la inmensidad de aquello que nos contiene. ¿Puede el desde dónde determinar el cómo o el por qué? Considero que sí, el responder por el lugar que ocupamos da cuenta tácitamente del modo en que habitamos y puede así orientarnos en los venideros pasos.

En caso que el punto anterior sea concedido hemos de llegar a un momento ulterior. El dar cuenta de nuestra situación (situada y sitiada en el mundo) comporta necesariamente la ocupación por responder hacia lo que observamos. Conocemos atendiendo a lo que no somos y así, tomamos razón de nuestro Standpunkt, de la posición que nos orienta. De este modo se torna tan problemático lo que observamos como nuestra propia posición. La cuestión radica entonces en qué es lo que vemos cuando nos reconocemos como situados en el mundo, como aquello que dará pie a la constitución de nuestra propia imagen.

Los artículos del presente número de Verdeseo nos ilustran respecto al modo en que hemos alterado aquello a lo que atendemos cuando nos detenemos a observar(nos). El horizonte alguna vez azul del “mar” de Aral hoy se haya trastocado en el más fértil de los desiertos –tanto que, incluso, florecen en él barcos de pesca; Kiribati poco a poco se sume en sus propios límites y desaparece en las aguas que parecen haberse trasladado desde el Aral. Allí no es posible ya situarnos, reconocernos y darnos el espacio para ser increpados por la inmensidad del horizonte, en el modo que sí lo fue hace menos años de los que nos gustaría recordar. ¿Es este un fenómeno propio de la alteridad, de la lejanía? Mi respuesta es, quizás urgente, mas no por ello menos negativa. ¿Qué es posible ver hoy al situarnos a la salida del Campus Oriente? ¿Cuáles son nuestros referentes, que conforman el horizonte, al intentar admirar la cordillera desde algún puente en la Costanera? ¿Cómo vemos hoy la bahía de Valparaíso desde avenida Altamirano? Todos aquellos espacios que alguna vez pudieron ser la referencia situacional de un momento íntimo de reflexión –solitud, o como quiera llamarse– de cualquiera de nosotros, hoy ya no existen del modo que lo hicieron. Han desaparecido y, con ellos, la conformación del horizonte que definió nuestra situación.

¿Es lo anterior una crítica sin miramientos hacia el progreso/desarrollo/emprendimiento? Sí e igualmente no; la respuesta requiere de la aclaración de ciertos puntos. Leopold ha señalado que “una ética, en términos ecológicos, es una delimitación a la libertad de acción en la lucha por la existencia”; se argumentará que aquel componente limitante de la acción es evidentemente una contraveniencia al principio individualista de libre determinación y, por demás, es una crítica cierta. La pregunta correcta es referente a “la existencia” de quién nos referimos, ahí está, creo, el diferencial capital respecto a la crítica ilustrada y la paradoja respecto al discurso “esperanzador”. En efecto, segunda guerra y estalinismo mediante, no considero plausible seguir orientando la respuesta a la pregunta respecto a la existencia de quién hacia una respuesta que sentencie, sencillamente: el sujeto. Lo que sostengo no es nuevo mas no por eso, creo, menos acertado. Ejemplos como el de Aral, Kiribati, Camboya, etc. dan cuenta de cómo una errada respuesta a la pregunta por el quién tiene nefastas consecuencias: somos seres humanos en el mundo y, ante el mundo y su inmensidad, y de la que sólo nosotros podemos dar cuenta. Nuestras acciones, así, deben estar determinadas –quizás incluso más que limitadas– por la preservación de nuestra existencia pero, precaución, nuestra existencia se da aquí, sucede en el mundo. Lo anterior supone aceptar un defensa férrea de lo humano tanto como de aquello que permite el aparecimiento de tal fenómeno, esto es, el mundo que nos (con)tiene.

¿De qué nos sirve, entonces, el horizonte? El horizonte nos sirve para caminar, es cierto, mas igualmente hemos de saber primero desde dónde lo hacemos para luego preguntar por el hacia dónde. Situarnos ante el horizonte nos da pistas sobre nosotros mismos y alterar tal horizonte olvidando quienes somos deforma igualmente nuestra propia situación. Nos movemos, así, hacia la pretensión de alcanzar un punto cuya finalidad no es la de apropiación sino la de reconocimiento. Volver a enarbolar un discurso esperanzador sobre el futuro no es entonces imposible, sólo debiese construirse desde un punto cierto de nuestra propia situación y ante la admiración de un horizonte que de cuenta de nuestra propia finitud. Ya no entonces “quietismo” sino movimiento, dando el “primer paso”: observar dónde se afirman nuestros pies.

[esto no es verdad]

velasco

septiembre 05, 2008

A rey muerto... 8tracks



Hace unos días lamentaba la muerte de muxtape. Pero como esta cosa la internet es tán vertiginosa ya he podido volver a encontrar un nicho donde dejar al DJ que llevo dentro (y no precisamente al lado de los libros). 8tracks es bonito, simple, permite subir tus propios archivos y compartirlos en esta nueva y bella cosa de la web 2.0. Pueden visitar mi perfil aquí y, de paso, les cuento los tracks de la primera mezcla (para días lluviosos y ojo, que no soy de aquellas personas a las que les desagrada la lluvia).
  • Hey, Pixies
  • Pensilvania, Leo Quinteros
  • Like it ar or not, Architecture in Helsinki
  • Steven Fucking Spielberg, Bearsuit
  • I have no sister, Oh no! Oh my!
  • I feel it all, Feist
  • Not about love, Fiona Apple
  • Venus in furs, Velvet Underground
  • Profanity prayers, Beck
  • Sleep to dream her, Dave Matthews Band
  • New York I love you but you're bringing me down

Ojalá les guste, pronto espero ir actualizando mi lista, así que se aceptan comentarios. 

esto no es verdad
[velasco]

septiembre 03, 2008

Los "buenos" abogados y la poca vergüenza

Hace un tiempo les contaba lo contento que estaba con muxtape; la idea de poder subir una lista de canciones a la web y que cualquiera, desde el lugar que se le ocurriese, escuchase lo que yo -humildemente- era una buena elección de 12 tracks. Esa era una buena idea. Recalco el era pues los "amigos" de la Record Industry Association of America (de la "América" de arriba) no tuvo mejor idea que acorralar a la gente de muxtape con el peso de la ley (y los copyrights). 
El resultado es que hoy muxtape está "en pane" de derechos y yo no puedo seguir subiendo música para que ustedes, los dos o tres que a veces pasan por aquí, las escuchen (y potencialmente luego compren uno de los discos que yo desde mi trinchera "promociono"). Por eso copyleft! Pirate Partei! Creative Commons! o cuánta cosa exista porque dejen de armar quilombo ante tamaña falta al estado de derecho.


PS: Si supiera la RIAA cuánto fumo mientras escucho música perfectamente podríamos llegar a una compensación: yo demando a las tabacaleras y con esa plata pago el monto por el que me podrían llevar a juicio.

[velasco]
esto (no) es verdad

Andes ¿Empire?

Mi nuevo aporte para, el cada vez más popular, VerDeseo. Pueden leer el número tres completo, de septiembre, aquí. Esta vez mi aporte dice relación con "el problema de los límites" en un sentido más borgiano que hegeliano. Espero sus comentarios.

Todas las mañanas, cuando salgo de mi casa, tengo la suerte de observar aquella parte de la ciudad donde está la cordillera. A veces lo hago escuchando la canción de Leo Quinteros que lleva como título aquello que corona estas letras. Otras, las más, con alguna otra buena canción.

Salir y mirar hacia el oriente es más que un ejercicio de posicionamiento: es un esfuerzo por situarme y contemplar una referencia que en su majestuosidad se torne absoluta. Y  me sitúe. Yo aquí. La montaña allá.

No soy un admirador ferviente de la naturaleza (alguna vez esgrimí el no ser “ecologista”), pero sí declaro mi fascinación por habitar esta ciudad.  Me agrada ubicarme siguiendo hitos naturales: caminar hacia la cordillera, a dos cuadras del río, cerca del cerro. Puede ser pueril, pero me agrada mucho más que decir “a tres cuadras de tal o cual estatua”.

¿El problema? Muchas veces, cuando salgo de mi casa por las mañanas, no puedo ver la cordillera. El aire está contaminado. Demasiado como para admirarla. La pregunta que me hago entonces es la siguiente: ¿será que un día olvidemos que allí está la cordillera? ¿Llegará un momento en que tengamos que cambiar la orientación; aquel sentido de caminar a un “hacia allá” sin referencia a los Andes?

En más de una oportunidad he constatado cómo la voluntad humana, enarbolando discursos modernos de eficiencia, ha alterado el horizonte de nuestra cotidianeidad, incidiendo en el modo de pertenencia del espacio común.

Menciono un caso: el del embalse La Paloma, en la cuarta región, camino al Valle del Elqui. Allí hubo un pueblo que ahora se haya sepultado bajo el agua. Mientras, el municipio de Monte Patria se enorgullece del embalse diciendo que es “un espectáculo magnífico y que en él se puede practicar la pesca del pejerrey y distintos deportes náuticos”.

¿Qué pasó con la historia de las personas de aquel pueblo? Ahora, nadie hace referencia al pueblo. Lo que ahí existe es el embalse. Y esa es la nueva referencia.

En Santiago la cosa no es distinta. Día a día muchas casas, con historias familiares incluidas, son derrumbadas en pos de otras nuevas. Torres eficientes que, es cierto, cobijan a más personas, pero sólo una vez que se ha arrasado con la gente que habitó la ciudad.

Los muros, parafraseando al Borges de “Los dos reyes y los dos laberintos”, nos sirven para orientarnos. Para llegar hacia algún punto. Si seguimos destruyendo o encubriendo aquellos referentes que nos permitían orientarnos -murallones que la naturaleza impone a nuestra voluntad- no sabremos cómo llegar a nuestro destino. Y temo que cuando eso ocurra, no nos quedarán ya destinos que seguir.

[velasco]

esto no es verdad