Las puertas del capital hoy, nuevamente, se han mantenido cerradas. Según me ha informado el guardián éstas se abrirán, posiblemente, mañana y yo, nuevamente, he de estar presente. Aguardando. La situación es la siguiente: he sido aceptado para realizar un intercambio en la universidad de Heidelberg, estaré –hipotéticamente- durante los próximos siete meses de mi vida en la ciudad nacida de la matriz de una de las universidades más antiguas de Europa. El carácter hipotético de mi estadía pende, sin embargo, de una no menos leve cuestión: el crédito bancario que debe asegurar mi financiación en las tierras de Goethe fue primeramente denegado y hoy, nuevamente y día tras día, espero a que las puertas del capital se abran y mi futuro valga –para el sistema financiero- harto más que un peso.
El tono kafkiano no es, lamentablemente, azaroso. Me he visto frente a las puertas del banco más horas de las que hubiera querido y menos de las necesarias para tener éxito. Si a eso le sumamos mi carencia de fe podríamos decir que no tengo ya nada a que echar mano. No hay Dios al que pretenda rogarle ni santo que escuchará mis plegarias. Sólo estoy yo, lo que soy, lo que he sido y lo que pretendo ser (leyendo). Aún peor, hoy por hoy siquiera es necesario que alguien me detenga en mi propia habitación; he de ir personalmente a atender mis requerimientos que, por necesarios, no son menos deshonestos.
Llevo ya 22 años transitando estas calles, mis manos son más duchas en el llevar libros que en arrastar bolsas de hipermercados y mi inacción, a estas alturas, perdió todo atisbo de nostalgia helénica para volverse decididamente patética. Y hoy, con dos textos de Sloterdijk, uno sobre Piazzolla, “Sendas perdidas” y –para más remate- “Dialéctica del Iluminismo” me hallé, nuevamente, frente al banco. Y mientras esperaba leía haciendo sólo lo que, al parecer, sí se hacer. De hecho, podría dar razones numerosas para describir el por qué aún un sistema podría dignarse a no creer en mi futuro (quizás porque a estas alturas sólo yo lo hago sería la primera respuesta); pero no vengamos con quilombos. Ahora, el “sea porfiado” se me agota en el instante en el que vuelvo a sacar un cigarrillo de mi bolsillo y, para colmo, queda ya sólo uno. (Si es que alguien puede reírse con esto digamos que, por ahora, soy sólo “perspectiva interna”).
Puede que ya este condenado en mi elección por no actuar; para suerte mía -según conozco- no tengo ancestros que sí lo hayan hecho heroicamente, por lo que la añoranza borgiana se diluye y se torna imposible. Mi suerte, mala o buena ya no interesa, es la de leer. Incluso ya no la de escribir, presunta actividad que durante algunos años esgrimí como escapatoria. Mis cavilaciones son ya mucho más ricas en mi mirada perdida que en las letras en las que pueden ser derramadas y, aún peor, cuando lo he intentado pierden toda la riqueza que en algún instante pudieron tener (para muestra que menos que este botón). Sin embargo, ¿elegí realmente? No sé, tampoco pareciera ser que interesara. En estos días la empresa es tan absurda como requerida: debo hacerle creer a un banco que de algo vale -la pena ya lo sé, mas monetariamente aún no- en lo que me he entrenado y, pese a que mis credenciales no son tan nefastas, pueden ser probablemente incomprensibles para los buenos analistas financieros que hoy deciden, finalmente, si viajo o no según el elaborado plan original. Espero, únicamente, no estar ya constreñido a pensar sin más. Sin duda lo podría seguir haciendo, probablemente nadie se opondría pero, igualmente, nadie daría un duro por ello.
Esperemos que mañana las puertas del Capital sí se abran, estaré aguardando.
Esto no es verdad

1 comentarios:
Por fín novedades en tu blog! visita el de jordán que también tiene fotos nuevas.
Si fuera banco, te prestaría plata, pero no lo soy asi que no me pidas(y si tuviera correrias el riesgo de firmar un contrato en el cual te ves obligado a hacer aseo en mi depa todos los viernes hasta la eternidad)
Amigo, se que fe en las personas tienes, así que voy a prenderle velas a San Antonio (que alguna vez fue persona) para que el maldito banco ceda y te deje partir al Oktoberfest!
chau
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